Es muy famosa la imagen del individuo que es un compulsivo jugador en los Casinos y Bingos, así como en las casas de apuestas de todo tipo, y que deposita en los así llamados amuletos o en cualquier tipo de objeto o acontecimiento una carga libidinosa tan importante que hace depender su suerte de él. A este tipo de persona, fetichista por donde se lo mire, se le suele llamar "supersticiosa".
No es sencillo definir a un supersticioso, pero todos entendemos qué significa cuando mencionamos esta palabra. En buena parte el supersticioso cree en locuras tales como las siguientes: tener un objeto determinado da buena suerte, pasar por debajo de una escalera trae mala suerte, tener una gran cantidad de ajos en el hogar trae suerte, pasar al lado de un gato negro trae mala suerte.
Este tipo de mentalidades supersticiosas son inevitables en el tipo de actividades que invocan las apuestas. Es que al depender tanto de todo aquello que escapa al hombre y a su poder de dominar sus circunstancias, entonces se le quiere dar a ese poder ajeno, ingobernable, la figura de la responsabilidad propia. Por ejemplo, si este objeto nos da suerte y no lo usamos; entonces no tuvimos éxito en las apuestas por nuestra culpa. Si hubieramos cogido ese objeto hoy estaríamos gozando de cantidades enormes de dinero.
Para las apuestas deportivas, pero en realidad para todo tipo de apuestas, esta manera de pensar no es buena; pues facilita a los jugadores la tarea de pensar modos sistemáticos de organizar la propia experiencia, así como de estar abiertos al aprendizaje. Si todo depende de aquellos motivos que nos generan supersticiones, entonces nosotros no tenemos que hacer nada salvo acatar esos fetiches que hemos glorificado.





