No es nuestra intención aterrar a los apostadores con las amenazas cifradas en el fútbol, de manera de hacer que se produzca un éxodo del fútbol hacia otras actividades deportivas. Sino que tratamos en lo anterior y en lo que sigue de persuadir a los apostadores de las virtudes y los límites de este deporte cuando de lo que se trata es de apostar.
Hablamos de una zona de riesgo fruto de la dificultad de realizar un juego de equipo lo suficientemente bueno como para que no se produzcan desfasajes y el equipo al cual el apostador confía termine perdiendo como en la guerra.
Ahora también podemos pensar en los otros dilemas que se inscriben en el espacio de la actividad futbolística, como ser distintos problemas que atacan a los jugadores y al equipo en su conjunto.
Uno de estos problemas es evidentemente el relativo a las depresiones y a las cuestiones que ocupan a la mente humana. Conocemos casos de jugadores que no se sienten bien con ellos mismos, y que por ello deben ir al psicólogo para poder resolver sus traumas que les impiden jugar bien al fútbol.
Pero también conocemos casos en donde las internas dentro del equipo hacen que cuando se salga a jugar un partido, las cosas salgan muy mal, y que lo que prime es la individualidad. X está peleado con Y, Q está enfadado con R; y todo esto hace que cuando tengan que realizar la acción conjunta que implica convertir tantos en el campo ajeno, esto se vuelva imposible.
Evidentemente, el apostador tiene que estar alerta de todas estas variables.





