Esta es la consigna del día de hoy para todos los apostadores en deportes: "no a los fetiches!". Claro que esto no es nada fácil, y por más que las personas crean que los fetiches no forman parte de su vida, les demostraremos que esto no es verdad y que detrás de las apariencias de una racionalidad calma y serena se encuentran las estructuras del pensamiento mágico desatado que amenazan desde la oscuridad a la luz de la razón día y noche.
¿En qué lugares, en qué situaciones, en qué circunstancias se observa que el apostador adopta actitudes fetichistas? Cuando se obsesiona con un equipo de fútbol, con un deportista, con una casa de apuestas, con un número, en resumidas palabras: con cualquier sujeto-materia.
El fetichismo consiste básicamente en otorgarle a un objeto o sujeto una carga emotiva tan grande, un afecto tan extremo que se termina posicionando en un pedestal de manera tal que nosotros quedamos reducidos a pura nada, es decir: nos quitamos todo el amor proprio, todo el autoestima queda vaciado de emotividad puesto que el objeto ha sido investido de nuestra energía.
Así es que consideramos que tal figura es merecedora de culto, que tal imagen es la encarnación de la trascendencia en el presente temporal, y así con toda la iconología que se nos ocurra. Un apostador tiene, y debe, que ser un iconoclasta. Pues sólo de esta manera logrará adoptar el tipo de actitud que las apuestas deportivas requieren para logran el objetivo último que permite decir de una acción que es buena: el éxito en la obtención de dinero.
Para ello debemos recurrir a todos aquellos recursos que precisamente niegan y contradicen las formas de pensamiento mágico que se esconden dentrás de los ritos de adoración de objetos y sujetos: encuestas, estadísticas, estudios científicos, notas de periodistas, etc.





