El mundo de las apuestas deportivas no es un mundo desinteresado, desapasionado. Muy por el contrario, al adoptar como materia de las apuestas a la esfera deportiva, da lugar a una intersección entre pasión y razón muy pocas veces vista en la cultura moderna.
Pues si hay algo que apasiona a los hombres es el deporte. En él los humanos, como en toda competencia, depositan sus anhelos, sus energías se potencian al entrar en relación de enemistad con otro, y la consumación del objetivo -ganar- hace que todos nos transformemos en Hércules, con la fuerza necesaria para derrocar a cualquier rival.
De esta manera las apuestas deportivas tienen que estar puestas en acción en deportes que a uno realmente le gusten, vale decir: que nos muevan, que no nos dejen indiferentes. Esta actitud de implicación con aquello que es la materia de nuestros actos hace que pongamos mucha mayor atención a las variables en juego para así poder ganar de manera rotunda en las apuestas.
Sin embargo, tendremos que pensar que es justamente este apasionamiento desmesurado que implica el deporte -y esto se puede ver de manera manifiesta en las hinchadas de fútbol- puede conducirnos a error o a interpretaciones falsas de la situación en la cual entramos a los fines de llevar a cabo nuestras apuestas. Para ello existe justamente la facultad del entendimiento que nos permite contemplar de manera objetiva, más allá de nuestros afectos, cuál es la situación de la realidad, incorporando información que nos servirá de límite para el fuego de nuestras pasiones.





