Decimos, pues, que existe una zona de riesgo en el caso particular del fútbol. No incluye necesariamente a los apostadores con exclusividad, sino que también hace padecer a los hinchas de cada equipo domingo a domingo. No obstante lo cual nosotros nos enfocaremos en las consecuencias que esta zona de riesgo tiene para los apostadores.
¿En qué consiste esta zona de riesgo? ¿Es que acaso debe ser tomada como una fatalidad del destino de todo equipo de fútbol? No es nuestra intención especular de manera metafísica sobre cuestiones tales como si existe el destino o si la vida de cada uno es forjada por las decisiones que se toman con la fuerza de la voluntad.
Lo cierto es que existe un problema para el apostador cuando se introduce en el mundo del fútbol y este problema es el margen de error altísimo que se genera en este tipo de deportes debido a la imposibilidad de manejar de manera certera las variables y las posibles combinaciones que en un partido pueden darse.
Es que al ser un deporte colectivo, el fútbol implica que para que un equipo gane debe establecerse la feliz coincidencia de los astros, de manera tal que todos los integrantes, los once jugadores, puedan coordinar sus acciones de manera fluida a semejanza de lo que podría figurarse con una máquina. La máquina es una totalidad, como lo es el colectivo llamado equipo de fútbol, que funciona con la coordinación de todas las partes en un sistema. Pero para que esto ocurra en el fútbol tienen que darse demasiadas presuposiciones que un apostador no puede dar por hecho a priori.





