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Existen dos posibilidades opuestas en el mundo de las apuestas deportivas. Por un lado tenemos el modo de juego que apuesta al azar: toma la palabra a este tipo de actividades y se lanza al destino cual si fuese algo controlable. Cuanto mayor es el riesgo, cuanto mayor es el margen de error, mayor es la adrenalina, y mayor la intensificación de la vida del apostador. Por otro lado, tenemos el modo de juego que apuesta a la constancia: la regularidad como clave del juego, el trabajo mÃnimo, continuo y lineal de un apostador que no apuesta demasiado dinero, sino que considera que la única manera de ganar es apostando a largo plazo. Aquà hablaremos de la segunda posibilidad.
Como decÃamos, constancia. El tipo de juego que se pone en evidencia aquà es el que observa que no existe algo asà como la asà llamada "suerte", que todo se gana por mérito personal, pero que el mérito personal no viene de nacimiento, como un don, sino como una capacidad adquirida, como una habilidad conseguida a fuerza de tezón y trabajo. Metodismo, constancia, regularidad. Apostar todos los dÃas, una misma cantidad de dinero, teniendo en cuenta una serie de variables objetivas y sopesando qué conviene más y qué conviene menos.
A este tipo de apuesta la llamamos racional, pues hace de la previsibilidad la clave del éxito. Es claro que este tipo de juego es el que le da más rédito a mayor cantidad de personas, pero también es evidente que sólo es posible para aquellas personas que no se encuentran desesperadas.
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