El recorrido que transita un apostador desde sus inicios hasta sus días de madurez es largo, muy largo. Sin embargo esto el apostador no lo suele entender al comienzo de su carrera, y vemos con frecuencia jóvenes que debido a su ansiedad y a su incapacidad para esperar el tiempo justo se sumergen en grandes deudas puesto que no saben decir basta en el mundo de las apuestas.
Un error muy conocido es el que nace de haber tenido suerte de principiante e interpretar esto de manera errónea. Creemos que ya sabemos todo y nos olvidamos que muchas veces ganamos dinero en las apuestas por razones que nosotros mismos no podemos comprender ni controlar. De allí que nos lanzamos a apostar desenfrenadamente por causa de un exceso de confianza en nosotros mismos que termina siendo fatal.
Otro error semejante, porque aparece en la época de juventud, es cuando el apostador pierde más de una vez y se lanza a una catarata de apuestas a los fines de poder recuperar todo el dinero perdido. Es evidente que esto se transforma en un cículo vicioso, en la medida en que apostamos porque perdemos y perdemos porque apostamos. Tampoco en este tipo de casos, el apostador sabe decir "basta" y se lanza a su propia muerte, metafóricamente hablando.
De aquí que una de las mejores opciones que puede tener un apostador es la de ser constante. No en el sentido de la compulsión de repetición que se produce en los casos de ganar por suerte o de perder y actuar en consecuencia sin pensar, sino en el sentido de que si tenemos un esquema de apuestas, sólo funcionará con la constancia.




