Podríamos decir que existe un karma en el mundo de las apuestas, y esto incluye claramente a las apuestas deportivas, a saber: el azar.
Las apuestas comparten con los juegos de azar un origen de familia, un parentesco que más que habilitar sentimientos de amor filial generan resentimientos y verguenzas, temores y pudores. Las apuestas no quieren reconocer su orígen común con los juegos de azar, y para ello se embarcan, o hablando más correctamente: los apostadores se embarcan, en una serie de estratagemas para forcluir aquello que las constituye.
Esto es entendible en tanto en cuanto las apuestas deportivas se dan con un fin claro: el poder ganar dinero. Si nuestro objetivo fuese otro distinto, entonces es provable que utilizacemos la oportunidad de tener un sentimiento de adrenalina en otras experiencias en las cuales el riesgo de perder mucho dinero no se de.
Pero claro, la adrenalina que se genera en las apuestas deportivas proviene justamente del riesgo que se toma, y del margen de error incontrolable al 100% que los apostadores tienen a la hora de realizar sus apuestas. La adrenalina justamente depende de que se corra el riesgo de perder dinero.
Entonces, bien, se conciben estrategemas para anular el azar: dominar el futuro, pensar planes, proyectos, anticiparnos a posibles desenvolvimientos de los acontecimientos; todo eso nos permite dos cosas: primero, estudiar a fondo el mundo de los deportes, haciéndonos expertos en ellos; segundo, animándonos a actuar, moviéndonos a apostar, y dando más y más chances de que ganemos dinero.





